HUMOR Y RESPETO
Por Antero Flores-Araoz*
El criminal atentado contra los integrantes de la revista Charlie Hebdo, nos llevan a reflexionar sobre los límites del humor y de la intolerancia, como también sobre el clima de confrontación religiosa originado en el fanatismo.
En cuanto al humor existen diversas modalidades; por ejemplo la caricatura en que se resalta con cierta gracia algún defecto, como una nariz prominente o una calvicie pronunciada, o también grandes pechos. En caricaturas peruanas recordamos las de Julio Málaga Grenet y Mario Moreno, y en nuestros días las de Carlos Tovar y Alfredo Marcos.
En los textos de humor destacaron en el Perú los de Yerovi y Sofocleto, este último consagrado por poner “apodos” a muchos personajes, como por ejemplo nombrar a quien fuera el Cardenal Juan Landázuri, por su descomunal tamaño, como “Grandázuri”. Además hemos tenido infinidad de publicaciones periódicas de humor y sana crítica bajo el ropaje imaginativo de la risa o la simple sonrisa, así como también programas como el de “Los Chistosos” y caracterizaciones como las de Carlos Alvarez.
Por lo general a todos nos agrada el humor, la sátira y la caricatura, y respecto al humor en la política se ha estudiado bastante, siendo uno de los últimos aportes en el Perú el libro de Fabiola Morales, “El humor en el periodismo de opinión”. Ella fue formada en periodismo en la Universidad de Piura y en la Complutense.
Lo señalado es para poner un marco nacional a lo que significa en otras latitudes el humor político, el que algunos desean que sea irrestricto e ilimitado, y en que otros creemos que debe tener el límite que exige la dignidad de las personas, el respeto a los símbolos patrios, a las creencias religiosas, y porque no decirlo a la susceptibilidad de terceros.
Al igual que deben existir, hasta en el humor, los límites señalados para quien en él se prodiga; debe existir como correlato en el satirizado, la suficiente tolerancia que calificamos de “tener correa”. Sólo los sistemas dictatoriales no permiten la sátira, la ironía, el sarcasmo o la caricatura, como expresiones de humor político y social. Pero otra cosa es la burla.
Cuidado con los cantos de sirena que pretenden la libertad absoluta para satirizar y hasta burlarse como si ello fuera libertad de prensa, que es la que tiene que ver con las informaciones, noticias, reflexiones y comentarios, y que por lo demás todos le reconocemos su aporte civilizador y democratizador. Recordemos que hasta la prensa, puede ser herramienta, con sátira o sin ella, para la injuria, la difamación y la calumnia, lo que no puede considerarse como aceptable en un mundo deseable de mutuos respetos.
Cuando se tocan las fibras más sensibles de la religiosidad, ya no con ironía sino con sorna y burla, ajenas a toda mesura y prudencia, ello nos puede llevar a situaciones incontrolables pues por más avanzado y globalizado que esté el mundo, hay mucho fanatismo que no debe ser provocado; y también existen las provocaciones refugiadas en el disfraz de la intolerancia para generar más intolerancia del otro lado, lo que puede originar a confrontaciones bélicas religiosas de las que ya nos había advertido Samuel Huntington en su “Choque de Civilizacion.
* Reconocido jurista y político peruano Fundador del partido ORDEN
Ha sido Diputado, Constituyente y Congresista de la República del Perú, siempre de la mano del Partido Popular Cristiano. En el 2004, fue electo como Presidente del Congreso entre otros importantes cargos diplomáticos.
La Dirección no se solidariza necesariamente con la opinión de sus colaboradores