MEDITACIONES ROTARIAS EN TORNO A LA FELICIDAD
Del libro “Sociología Rotaria II” de Antonio-Pedro Tejera Reyes, publicado en Puerto de la Cruz, Tenerife, Islas Canarias, en 2001.
En el local 127 del Centro Comercial Santo Domingo – presuntuoso nombre dado a un pequeño mercado de artesanías, en Santiago de Chile – encontramos lo que para nosotros es una joya. Curiosamente, ese Local 127, está dedicado a la compra-venta de libros usados, rodeado por sus cuatro costados de repujados en plata, vasijas de barro, cóndores de cerámica… y toda esa variopinta colección de recuerdos con los que nos gusta llenar las maletas a los que recorremos el mundo. Allí, entre una maraña de novelas de antaño, románticas y de vaqueros mezclada con “El Principito”, “Lo que el viento se llevó”, y todos esos títulos evocadores, era donde estaba. Se trata de una edición del año 1945, en el mismo Santiago, de las “MEMORIAS DE LA DUQUESA DE ABRANTE”, seguidas del, “ENSAYO SOBRE LA FELICIDAD HUMANA”, escrito por Napoleón Bonaparte.
En el año 1791, la Academia de Lyon, abrió un concurso para tratar sobre “que ideas y sentimientos conviene inculcar más al hombre para su felicidad”. Dice el traductor, Delfín Alcaide: “Napoleón se presentó sea por el premio, sea por afán de notoriedad. El joven oficial, mucho antes de que su grandeza llegara a conocerse, habló con sinceridad sobre el problema de la felicidad y, con ocasión de ello, de psicología, de moral y de política».
Difícilmente se ha escrito algo más profundo. Los biógrafos mencionan con frecuencia este concurso y la obra de Napoleón; pero ha sido poco leída en su texto francés, y, según tenemos entendido, ésta es su primera traducción castellana. “El hombre formidable se abre en los momentos mismos en que, plenamente desarrolladas sus ideas, su personalidad, es, sin embargo, un oficial anónimo, pobre y ambicioso…”
Cuando hemos repasado, una y otra vez, en el desgastado libro, este sensacional ensayo, nuestra mente nos ha llevado a nuestras evocadoras reuniones rotarias. Aquí en Puerto de la Cruz, en mi viejo Maturín, en mi sufrida etapa en el Club de Barcelona… en el de Montalbán, en Caracas… En la ocasión inimitable de fundar el Club Rotario de Las Palmas de Gran Canaria, junto al recordado amigo Cándido García Sanjuán, en su acto inaugural… Momentos y situaciones que enlazan perfectamente con la felicidad que estudiaba Napoleón Bonaparte: “La felicidad no es más que el goce de la vida del modo que sea más conforme con nuestra organización…” Nuestra organización animal tiene necesidades indispensables… estrictamente necesarias para la felicidad. Nuestra organización intelectual tiene apetitos no menos imperiosos y cuya satisfacción es mucho más preciosa; en su entero desarrollo consiste verdaderamente la felicidad.
Sentir y razonar… El sentimiento – impresión y movimiento que causan en el alma las cosas espirituales – nos hace revelarnos contra las ataduras, nos vuelve amigos de lo bello, de lo justo… enemigos del opresor y del miserable, del mentiroso, del envidioso… Desgraciado aquel al que estas verdades no la hayan sido demostradas: no conoce de la vida más que las escorias, ni de los placeres más que los goces de los sentidos.”
Volvemos entonces a poner los pies en la tierra, y nos encontramos con el goce del deber cumplido, de compañeros ilusionados en sus obras, de auténticos rotarios comprometidos en el lema “servir es mi obligación” como su punto de mira ideal. Ahí está la felicidad. Está en aquellas palabras sabias de nuestra madre cuando nos explicaba por qué una costura en el interior de un brasier o una faja – prendas ocultas del vestir femenino – debía de quedar bien acabada… Algo que no se veía, que no era para exhibir, pero que tenía necesariamente que tener la marca de la seriedad, del buen hacer, de la personalidad del ejecutante… Acabar sus trabajos bien, era su felicidad… esa es la felicidad que se lleva dentro de uno mismo, como decía Napoleón.
Sumidos en estas meditaciones en medio del trepidar mundano de las chapuzas, que nos rodea por todas partes, seguimos ilusionadamente pensando en los cuatro días que nos quedan aquí, y en lo poco que podamos hacer para intentar inculcar algunas de estas magníficas ideas a nuestros sucesores. Son paradigmas que seguiremos llevando presente por que, siguiendo con las líneas del ensayo comentado, “es necesario sentir para vivir feliz”.
Trabajar en Rotary, trabajar para Rotary, es sin duda parte de nuestro quehacer diario.
*(Del Grupo de Expertos de la Organización Mundial del Turismo, de las Naciones Unidas. ONU)
Buen artículo de reflexión!!!….indudablemente la felicidad tiene diferentes matices espirituales, morales y/o carnales; momentos, formas, usos y maneras de apreciarla; todo depende de la persona que aspire a ella.
Mis Cordiales saludos,
silvia wuan
Si es hermoso y nosotros compartimos tu misma opinión es un gran colaborador El Dr. Tejera Reyes, mil gracias por ser nuestra asidua lectora
Elena Villar