LO CUENTO COMO ME LO CONTARON
Por. Elena Villar
Este relato testimonial ocurrió en un país caribeño, por los años 50’s del siglo pasado, no obstante lo extraemos del cofre de las evocaciones, por la situación actual de muchos países, en los cuales cada día aparece un nuevo indicio de lavado de activos, y la corrupción está infiltrada en todos los estamentos de la sociedad, no sólo en esta América morena nuestra, crisol de todas las razas que le otorga su encanto especial, puesto que también ocurre en países del llamado primer mundo ¿?.
La historia es la siguiente, un funcionario público de alto rango había cometido un peculado de varios ceros… Estaba preso y siendo juzgado, naturalmente todas las pruebas lo condenaban por lo que no iba a salir bien librado y se le venían varios años de cárcel y pagos de reparación civil muy altos.
Este relato testimonial ocurrió en un país caribeño, por los años 50’s del siglo pasado, no obstante lo extraemos del cofre de las evocaciones, por la situación actual de muchos países, en los cuales cada día aparece un nuevo indicio de lavado de activos, y la corrupción está infiltrada en todos los estamentos de la sociedad, no sólo en esta América morena nuestra, crisol de todas las razas que le otorga su encanto especial, puesto que también ocurre en países del llamado primer mundo ¿?.
La historia es la siguiente, un funcionario público de alto rango había cometido un peculado de varios ceros… Estaba preso y siendo juzgado, naturalmente todas las pruebas lo condenaban por lo que no iba a salir bien librado y se le venían varios años de cárcel y pagos de reparación civil muy altos.
Su esposa buscando una estrategia de cómo sacar al marido bien librado, se le ocurrió ir a visitar a los jueces que llevaban la causa cuyos votos iban a ser condenatorios porque no había ningún indicio de inocencia.
“Dicho y hecho” la buena señora se presentó muy contrita y temerosa, ante el juez principal pidiendo uno y mil perdones para no ofender su prestigio… Y le ofreció ½ millón “contante y sonante” de la moneda del país que era mucho dinero en ese tiempo, le rogó al Sr. Juez por lo «que más quisiera y por todos los santos» que aceptara esa cantidad, que la había conseguido con mucho sacrificio y haciendo una bolsa familiar, sólo para que sus hijos tuvieran un mínimo recuerdo de que no todos los jueces creyeron en la culpabilidad de su padre, que ella sabía que su marido era culpable, pero sus niños no tenían la culpa de tener el padre que tenían, ciertamente de primera intención el Juez no aceptó, pero era “tanto el dolor” de la pobre madre… Después de todo el hombre iba a ser condenado ya que un sólo voto a favor no lo iba a liberar y decidió por los “niños” ayudar a la afligida mujer…
Así las cosas, llegó el día del “Juicio final” y toda la expectativa de la condena…Los periodistas con sus flashes para captar la mejor expresión de la esposa y los niños al oír la sentencia… Empieza la votación el Sr. Juez número uno votó inocente… el juez número dos… inocente… el juez número tres inocente… Y el sinvergüenza salió inocente por unanimidad..
Ya se imaginaran mis dilectos lectores que pasó… El caso fue muy sonado en ese país caribeño… Es verdad aunque Ud. no lo crea… o como diría la recordada Tía Paula de “Jaujalí” ¡hay Dios mío!…¡Dios mio! A la mujer no la hizo Dios de la costilla de Adán… Dios la hizo del rabo de la zorra…
Nosotros diríamos, que la corrupción existe en todas partes y de siempre…una lástima tener que reconocerlo… y se lo conté tal COMO ME LO CONTARON…
Imagen/ internet