LOS HISTÓRICOS ENCIERROS DE MEDINA DEL CAMPO QUIEREN SER FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO INTERNACIONAL
El singular traslado de toros del campo a la plaza se remonta a más de 500 años y fue comentado por Teresa de Jesús
Por. Enrique Sancho*
La imagen tradicional que se tiene de los encierros es la de un montón de gente apretujada corriendo y sorteando una manada de toros por estrechas calles, con gritos, caídas y una velocidad infernal durante unos cientos de metros hasta llegar al ruedo. Eso es así en la mayoría de los encierros, pero no en los de Medina del Campo (al menos no sólo eso), que tienen lugar del 2 al 8 de septiembre, como punto fuerte de sus Fiestas de San Antolín, su santo patrón, y están declarados como Fiesta de Interés Turístico Nacional y aspira a ser en breve de Interés Internacional.
Aquí los toros son conducidos a la plaza como en los viejos tiempos, no en vano la referencia de estos encierros se remonta a 1490, cuando se celebraban los “juegos de cañas y lanzas” protagonizados por los caballeros hidalgos medinenses y cuando los bravos eran acompañados por caballistas cruzando las dehesas, campos y cañadas formando una estampa bucólica y tranquila.
Hasta la propia Teresa de Jesús, que fundó en Medina su segundo convento y donde se conserva la celda en la que vivió un tiempo, se refirió a ellos en su obra “Fundaciones”: «Llegamos a Medina del Campo, víspera de Nuestra Señora de Agosto, a las doce de la noche; apeámonos en el monasterio de Sta. Ana, por no hacer ruido; y a pie nos fuimos a la casa. Fue harta misericordia del Señor que aquella hora encerraban toros, para correr el otro día, no nos topar alguno”.
Todo, en buena parte, sigue igual. Los corrales donde se concentran los toros están a seis kilómetros de la plaza y hasta allí llegan gente a pie y a caballo para, a las nueve en punto de la mañana, después del estallido del tercer cohete –“cuetes” dicen por aquí– presenciar y acompañar la salida de la manada camino de Medina. Tras el ímpetu de la salida, ayudándose de los bueyes, toros mansos que sirven como guía, la misión del caporal y los caballistas, garrocha en ristre, es mantener en todo momento arropada la manada hasta llegar al “embudo”, lugar donde se unen el recorrido campero y urbano, donde se junta el campo con las calles y que inicia el recorrido urbano. Es una imagen idílica en la que toros, caballos y hombres forman un conjunto homogéneo y colorista, armonioso y vibrante. Y el toro no sufre.
A lo lejos, la iglesia Colegiata y el Castillo de la Mota parecen contemplar como testigos de excepción el recorrido del encierro que transcurre por «los pedregales», el charco «lavaculos» o los barreros.
Las principales novedades que presenta el cartel taurino para las Ferias y Fiestas de San Antolín 2015 en Medina del Campo son el Toro de “San Antolín”, que sustituye al toro del alba, y se celebrará a las 20.00 horas del día 2 de septiembre así como el Encierro vespertino conmemorativo del V Centenario del Nacimiento de Teresa de Jesús en la tarde del día 3 con lo que se pretende “modernizar, dinamizar y promocionar los festejos taurinos de las fiestas patronales”, según indica el Concejal de Festejos de Medina del Campo, José María Magro.
Dentro de la villa
Al llegar al comienzo de la villa, un pequeño número de caballistas pican a los toros para que estos cojan velocidad, entren en el recorrido y no se den la vuelta a las “tierras”. En ocasiones anteriores, alguno lo ha hecho, sembrando un pequeño desconcierto hasta que era reconducido. Las medidas de seguridad actuales hacen que eso sea prácticamente imposible y la manada compacta entra en las calles de Medina.

Los más atrevidos practican las capeas y los “cortes”, una tradición arriesgada que ha llegado a convocar concursos entre los más expertos.
Es ahora, sí, cuando el encierro vuelve a ser lo que siempre ha sido, los corredores de toros y pastores, jóvenes cortadores y expertos en conducir a los novillos, guían a los animales hasta la plaza de toros, donde una multitud de gente espera desde temprano la llegada del encierro. El recorrido es largo, y en ocasiones hay algún novillo que se queda rezagado por alguna de las calles del encierro, por el cansancio acumulado, o simplemente porque los vecinos que están apostados en las talanqueras llaman su atención.
La llegada a la plaza, tras una hora por el campo y media hora en el recorrido urbano, es celebrada por una multitud entusiasta que previamente ya ha cumplido con todos los ritos: un buen desayuno en el puesto de churros de la feria con chocolate calentito, las imprescindibles sopas de ajo que preparan con esmero “los amigos de las sopas de ajo” en su sede de la calle Carreras, disfrutar el ambiente escuchando las cornetas y tambores de los “pasacalles”. Y dentro del coso, cuando aparecen los astados, los más atrevidos practican las capeas y los “cortes”, una tradición arriesgada que ha llegado a convocar concursos entre los más expertos.
Hoy Medina del Campo es una ciudad empeñada en aprovechar y poner en valor sus importantes recursos turísticos y apoyándose en la complementariedad que ofrece su excelente localización geográfica, infraestructuras y equipamientos, así como su consolidada oferta comercial, encuentra en el Patrimonio y en la Cultura dos de sus bazas más importantes para la consolidación de la Villa de las Ferias como uno de los destinos turísticos a tener en cuenta por los amantes del turismo de interior. Tradición y participación popular se unen en uno de los festejos taurinos populares más seguros y respetuosos con toros y caballos de Castilla y León, con normativas, ordenanzas y equipamientos de seguridad ejemplo y modelo para otras muchas localidades de España.
*Director de Open comunicaciones