EL PAIS DE LOS SUEÑOS
ASI ME LO CONTARON, MADRID 1970
Antonio-Pedro Tejera Reyes*
De aquel Madrid todavía queda algo, decía Felipe. Es verdad, algo debe de quedar.
Era el Madrid donde, según él me contaba, podías comprar libros usados, o corbatas, a las tres de la mañana expuestos de alguna forma en plena Gran Vía, donde apenas había vigilancia policial y nadie te robaba la cartera… Claro que eran otros tiempos. No había personajes siniestros durmiendo tapados con cartones en los portales, y las lujosas cafeterías que existían en la referida vía madrileña, extendían sus mesitas en medio de las amplias aceras hasta altas horas de la madrugada madrileña en los meses primaverales que llegaban casi hasta el mes de Octubre.
Era el Madrid donde se inauguró el monumental edificio de Las Torres Blancas, en el cual tenía un lujoso apartamento Sarita Montiel, y se decía que también el famoso torero en esos tiempos. El Cordobés. En su planta superior había un restaurante de lujo, desde donde se podía ver una excelente panorámica de todo Madrid. Los camareros – de smoking – te traían el teléfono a las mesas para hacer las llamadas, lo cual hacía que muchos de los asistentes, para darse importancia, utilizaran el mismo. Los manjares de alta calidad, estaban acordes con sus precios en pesetas, y para llegar al restaurante un portero a la entrada del edificio, te controlaba con la presentación de tu DNI, a la vez que un chofer con uniforme de lujo, se llevaban tu auto a un aparcamiento privado, para devolvértelo a tu partida, en la misma puerta del edificio
En este Madrid, el Hotel Gran Vía – frente mismo a la central de la Telefónica – era el parador de los pocos canarios que podían permitirse el lujo de visitar la capital de España. Era su punto de reunión, o de cita.
Un Madrid, decía Felipe, que había que conocer en “sus señas de identidad” como era la Plaza de Santa Bárbara y sus cafés-concierto – puestos de moda en esa época, – los pinchos morunos de Hamed de Melilla, cuyo brasero estaba en la ventana de su pequeña tasca y cuyo aroma inundaba el lugar apenas se acerba uno desde “La Casa de las Gambas” que queda en una de las calles que desembocaban en la plaza, al igual el “El Pote Gallego” en otra de las esquinas de la misma, desde donde se llegaba al callejón en que está – suponemos que seguirá – “La Trucha”, esa minúscula tasca-restaurante donde se degustaban los más famosos vinos junto con productos típicos de muy alta calidad culinaria, que tuvimos oportunidad de conocer, siempre bien acompañados…
Hablando de callejones, en ese entonces era muy popular, en esa misma zona, el Callejón del Gato, donde una tasca de lo mas típico, ofrecía la estampa de una enorme olla de cobre donde un tremendo pulpo suspendido con una cadena desde el techo, era cortado con unas tijeras y colocado en platillos – como diría un mexicano – para ser presentado a la clientela aderezado “a la gallega” o simplemente con algo de aceite de oliva…Era un espectáculo, al igual de la “Casa del Abuelo” y sus famosas gambas a la plancha, acompañadas de un vino tinto dulzón que era toda una excentricidad…
Para comer Cocido Madrileño de verdad, había que ir a la Calle de la Bola. Ahí sí que había que ir con compañía, pues el servicio que te presentaban era demasiado espléndido para una solo persona.
Los lugares más curiosos y famosos del tipismo gastronómico madrileño, eran conocidos por mi amigo Felipe, desde los célebres mesones hasta “Las Cuevas de Luis Candelas” o la tasca La Batela, donde se comían los mejores callos a la madrileña que pudiéramos suponer.
Se decía por entonces que Madrid era el primer puerto marítimo de España, pues todos los mejores productos del mar venían desde las costas directamente a sus restaurantes o tascas especializadas donde las paellas que se preparaban en “La Barraca” no tenían nada que envidiarle a las que se degustaban enla propia Valencia, o las “almejas a la marinera” de “Alcalde” a las mejores de las costas cantábricas… ¿Qué decir de la merluza, de “La Toja”? Madrid era un emporio gastronómico, donde la gente podía pasear de rumba tranquilamente…
Felipe, alejado ahora de Madrid hace ya unos años, se embelesa en los recuerdos de las cafeterías Morrison – en la Gran Vía, en Arapiles – de “José Luís”, de “Manila”, toda una serie importante de la vida de Madrid de esos años 70, donde no faltaban los Hoteles Meliá Princesa, Meliá Castilla, etc. acompañados de las discotecas de moda, algunas en los propios hoteles como ”El Bombin”, así como otras famosas de la época, donde se podían ver actuaciones en directo de los mas famosos artistas del momento, como “El Biombo Chino”… “Bali Hai”, etc.
Un Madrid, que ahora, recordándolo junto a Felipe, a José Antonio, a Luis, y otra serie pequeña de amigos y compañeros, nos queda muy lejos, a distancias inalcanzables en lo físico, pero muy cerca en lo más íntimo de nuestros mejores e inolvidables hermosos recuerdos… De Madrid al cielo.
*Del grupo de Asesores de la OMT
Foto de portada/América homenajea a Sara Montiel, la española que los conquistó desde el cine, www.infolatam.com