TURISCASOS
TEMPLO PAGANO DEDICADO A LA DIOSA MINERVA
En principio, la rueda de prensa concertada para el pasado miércoles 29 de enero tenía como objeto informar a los periodistas sobre los últimos hallazgos arqueológicos realizados en las excavaciones que, desde hace años, vienen realizándose bajo los cimientos de la Biblioteca y la Pinacoteca Ambrosiana de Milán.
Sin embargo, los informadores salieron de la reunión con una noticia que no esperaban: el descubrimiento, por parte de los arqueólogos, de los restos de un antiquísimo templo pagano dedicado a la diosa Minerva –el equivalente romano de la griega Atenea, divinidad, entre otras cosas, de la sabiduría–, bajo los muros del célebre Duomo, la catedral de la ciudad.
Aunque los historiadores sabían que el Duomo y la plaza que lo rodea estaban situados sobre el foro de Mediolanum, la antigua Milán romana, no fue hasta comienzos de los años 60 del siglo pasado, con motivo de los trabajos de construcción de la red de metro de la ciudad, cuando comenzaron a salir los primeros restos del lejano pasado de la urbe, y hubo que esperar a la década de los 90 para emplear las técnicas y herramientas más modernas que permitieron datar algunos de estos restos en torno al siglo IV a.C.
Los arqueólogos sospechaban que además del templo capitolino –un santuario dedicado a la llamada tríada capitolina, compuesta por los dioses Júpiter, Juno y Minerva–, era posible que hubiese existido también un recinto sagrado dedicado en exclusiva a esta última diosa. Ahora, con los últimos hallazgos estas sospechas se han convertido en una certeza.
Mediolanum –cuyos orígenes se remontan a finales del siglo VII a.C.– no fue una urbe romana menor, sino que en ciertas épocas llegó a jugar un destacadísimo papel en devenir del Imperio. No en vano, en el año 286 d.C. el emperador Diocleciano decidió trasladar allí la capital del Imperio de Occidente –en detrimento de Roma–, privilegio que ostentó durante más de cien años.
La noticia del descubrimiento de los restos de un templo pagano como Minerva bajo la catedral cristiana ha sorprendido
a muchos, pero lo cierto es que ésta fue una práctica habitual durante los primeros siglos del cristianismo, pues la construcción de una iglesia, basílica o catedral sobre un antiguo santuario pagano no sólo permitía en muchos casos reaprovechar parte de los materiales para la nueva edificación, sino que además suponía una inmejorable forma de someter el antiguo culto y atraer a sus fieles.
Así, y tal y como ya hemos tenido ocasión de ver en otras ocasiones, no es extraño encontrar dólmenes y menhires reutilizados en templos cristianos –de esta forma eran cristianizados y se facilitaba la conversión de los fieles paganos que acostumbraban a rendir culto en ellos–; del mismo modo, numerosos templos romanos como el Panteón de Roma fueron transformados en iglesias cristianas (en este caso dicha circunstancia permitió su relativa buena conservación hasta nuestros días).
Lo mismo sucedió, por ejemplo, en la Península Ibérica tras la Reconquista, cuando muchas mezquitas –a menudo levantadas a su vez sobre antiguas iglesias– fueron convertidas en templos cristianos. Esto es lo que sucedió por ejemplo en la catedral de La Seo de San Salvador, en Zaragoza, templo erigido sobre los cimientos de la antigua mezquita aljama de la ciudad.
En el caso del templo catedralicio de la capital maña se da la circunstancia de que el solar formó en su día parte del foro romano de Caesaragusta, en época visigoda seguramente estuvo ocupado por la primera catedral cristiana de la ciudad, la de San Vicente, y con la llegada de los musulmanes se estableció allí la mezquita aljama de la ciudad.
Fue ya con la conquista de la ciudad por parte de Alfonso el Batallador a comienzos del siglo XII cuando comenzó la construcción de la catedral románica de San Salvador aprovechando parte de la anterior mezquita.
Esta circunstancia provocó que, a diferencia de otros templos cristianos, La Seo zaragozana tenga una orientación singular (el eje principal sigue una disposición norte-sur, y no este-oeste), pues en aquellos años se respetó la ubicación del antiguo mihrab que señalaba a La Meca (los mudéjares podían así orar dirigiéndose hacia ese muro), y que hoy está ocupado por la capilla de San Pedro Arbués
F/ Yahoo Ciencia.