EL PORTAL DEL SEÑOR

Este magistral artículo de nuestra gentil colaboradora Josefina Haydée Argüello, nos cuenta en su ya delicado estilo, como Miguel Ángel Asturias Premio Nobel de Literatura1967 en su novela “El Señor presidente “ demuestra la personalidad del dictador que se repite todavía en algunos países, con diferentes disfraces… Espero que lo disfruten tanto como nosotros y les sugerimos leer la novela
Por Josefina Haydée Argüello*
Miguel Ángel Asturias (1899-1974) novelista guatemalteco —poeta comprometido en las luchas político-sociales del mundo hispánico e intérprete de mitos y leyendas indígenas— escribe con un lenguaje artísticamente dibujado en una prosa de refranes populares utilizando técnicas surrealistas y costumbristas para mostrar los vicios que han infectado nuestras sociedades: la adulación, y el endiosamiento.
Su obra El Señor presidente, escrita en 1933 y publicada en 1944, es una de las más espeluznantes en contra de las dictaduras que han existido en Latinoamérica.
Con ella, se da inicio al ciclo de la novela de los dictadores en la literatura hispanoamericana.
Refleja la angustia y persecución que vivió el pueblo guatemalteco durante la dictadura del presidente Manuel Estrada Cabrera. Es una protesta contra las tiranías, abusos, y atropellos, cometidos contra un pueblo indefenso.
El presidente, hombre con gran resentimiento social, que verdaderamente no quiere, pero si odia a su pueblo, es un autócrata absoluto, pero no como en las monarquías, sino que, para desgracia y oprobio de nuestras tierras, como caciques oportunistas que llevan con orgullo en la frente la etiqueta de la ignorancia y la crueldad.
El representa el poder del dinero y el control de una casta militar llena de corrupciones.
El presidente, a pesar de ser el personaje central, no figura, pero da órdenes y dirige. La persecución y terror van de la mano y ni sus propios subalternos escapan de su crueldad.
Viste de negro riguroso, vive escondido, consulta a los brujos al igual que lo hacía el dictador Estrada Cabrera, que, por los dichos populares, no se sabía a ciencia cierta si dormía de noche, ya que estaba siempre conectado a su teléfono con un látigo en la mano: “atento a lo que pasaba en las vísceras más secretas de los ciudadanos”.
Por el miedo que ocasiona a los demás se le reverencia como a un dios indígena. Hombre-mito o hombre-ser-superior, jefe de las sociedades primitivas que entre menos corporal aparecía más mitológico se le consideraba.
En el capítulo XXXVII de la obra asistimos al baile de Tohil, dios protector de Balam Quitzé en el libro del Popol Vuh y dios dador del fuego de la cultura maya-quiché, que históricamente, en su tradición involucraba los sacrificios humanos.
Sus crímenes, se inician cuando le matan al coronel José Parrales Sonriente, el “hombre de la mulita”, uno de sus más allegados.
Crimen ocurrido en el Portal del Señor, a manos del “pelele”, que, por ser pordiosero e idiota, no se le puede condenar, aprovechándose de ello para cometer sus crímenes e injusticias.
Involucra a Eusebio Canales y al licenciado Abel Carbajal como los hacedores del crimen perpetuado contra Parrales sonriente.
Asesina a su propio secretario, —a quien ha apodado “animal”— un hombre de avanzada edad, por verter accidentalmente el tintero sobre sus papeles.
Miguel Cara de Ángel, su favorito “era bello, pero malo como Satán” es el encargado de dar a la viuda del secretario trescientos pesos que el señor presidente le otorga para pagar por la vida de su esposo.
Cara de Ángel tampoco se escapa de su tiranía. Por enamorarse de Camila, la hija del general retirado Eusebio Canales quién representa el enemigo político y social del presidente, pierde el beneficio de su jefe, quedando redimido.
Finalmente lo encarcelan y le asesinan cuando ya no lo necesitan.
El Auditor de Guerra otro de los personajes, encarna la justicia corrupta del régimen. Es mediocre, envidioso y servil. No tiene sensibilidad hacia el dolor ajeno. Goza con el sufrimiento de los demás, ya sea por un preso político o por una madre como lo es Niña Fedina de Rodas, mujer humilde del pueblo, a quien encarcela como presunta cómplice de la fuga planeada del general Canales.
El Auditor es pues el instrumento dócil en las manos del tirano que encaja a la perfección para delatar la dictadura del señor presidente.
Así, el presidente se rodea de colaboradores y cuando no los necesita, se deshace de sus “peleles” quienes paradójicamente, son los que le mantienen en el poder.
Esta obra da comienzo con unas insistentes onomatopeyas o aliteraciones que— como notas musicales— para los que las lean en voz alta, les queden sonando en sus oídos. Y, abran con ella sus corazones y entendimientos para evitar caer en situaciones similares.
… ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre!
Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la
Oración, […] ¡Alumbra, lumbre de alumbre, ¡Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre! (Miguel Ángel Asturias)
La obra finaliza con un Kyrie Eleison como única esperanza dentro de un ambiente atemporal suspendido por el miedo y el terror.
Asturias recibió el premio francés Prix du Meilleur Livre Ètranger (1952) por esta novela y el premio Nobel de literatura en 1967.
¡Oh, Señor Jesucristo! ¡¿Por qué tardas? ¿Qué esperas? para tender tus manos de luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas! Canto de Esperanza. (Rubén Darío).
*Máster en Literatura Española