ESPAÑA:BOÍ TAÜLL: CUERPO ROMÁNICO EN PIEDRA, ALMA DE ROMÁNTICA NATURALEZA
Agua, flora y arte se dan cita en un rincón donde el tiempo no existe
Dios, o alguien con excelsos poderes dotó al valle de Boí Taüll de una naturaleza prodigiosa y armónica y los hombres devolvieron a ese Dios o ese alguien sus mejores obras en forma de iglesias, ermitas y campanarios que apuntan al cielo y dan cobijo al mejor arte románico del mundo.
Por. Enrique Sancho*
¿Qué impulsó a las gentes del valle de Boí a construir iglesias a unos cientos de metros unas de otras en esta tierra fría, aislada, de difícil acceso y poco poblada? ¿Cuáles fueron sus creencias para alzar esos campanarios que apuntan a Dios y que permitían convocar a los fieles y también advertirles de los peligros? ¿De dónde salieron aquellos artistas y obreros que con escasos medios supieron crear obras maestras para enseñanza de los fieles y gloria del Todopoderoso?
La historia cuenta que fueron los señores de Erill, aliados y súbditos de Alfonso el Batallador, rey de Aragón, que participaron en sus campañas de repoblación y reconquista y que con los recursos obtenidos de los botines de guerra quisieron promocionar la construcción de las iglesias de la Vall de Boí, una manera de mostrar su poder y de adquirir prestigio social. Y tal vez también de hacerse perdonar algunas de sus tropelías.
Pero, como ocurre muchas veces, la explicación es más hermosa si se atiende a las leyendas, y una de ellas cuenta una conmovedora historia de un trío amoroso. Al parecer, una chica rica de Erill la Vall, llamada Eulalia, se enamoró de Climent, un chico de buena familia de Taüll. Se amaban tanto que cada uno construyó una torre de seis pisos junto a su casa; así podían verse y hacerse señales con facilidad. Pero en su historia de amor apareció Joan de Boí, secretamente enamorado de Eulalia, y empezó a levantar también una torre para comunicarse con la chica y a la vez entorpecer y hacer sombra a su rival. Pero cuando iba por el tercer piso, una de esas crisis que ya entonces había, le hizo agotar el dinero y dejar la torre inacabada. El pobre Joan no pudo hacer otra cosa que resignarse a ver como los amantes se enviaban mensajes de amor. Pero cuando la pareja ya estaba a punto de casarse, Climent enfermó y murió. Al final de esta historia se reencontraron Eulalia y Joan, no se sabe si comieron perdices, que no abundan en la zona, pero sí que ambos llevaron una vida virtuosa y ejemplar.
Tan virtuosa y tan ejemplar que a su muerte el Papa los hizo santos, y los pueblos donde habían nacido los adoptaron como patrones. Sus casas se transformaron en iglesias y las torres de sus amores en campanarios. Esta historia explica por qué los tres campanarios (Erill, Boí y Taüll) trazan una línea recta que además apunta a Roma, y por qué el del medio es pequeño y grueso, mientras que los otros dos son más esbeltos.
Patrimonio de la Humanidad
Se haga caso a la historia o a la leyenda, lo cierto es que estas tres iglesias con sus monumentales campanarios, junto a otras cinco más y una pequeña ermita fueron declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en el emblemático año 2000. Entre las justificaciones que utilizó la Unesco para su decisión, se indica que “los acontecimientos importantes en el arte y la arquitectura de las iglesias románicas de la Vall de Boí reflejan el profundo intercambio cultural en la Europa medieval, especialmente a través de la barrera montañosa de los Pirineos. Las iglesias de la Vall de Boí son un ejemplo especialmente puro y consistente del arte románico en un paisaje rural prácticamente intacto”.
Quizá antes de adentrarse entre campanarios, ábsides y frescos de las iglesias, valga la pena hacer una visita al Centre del Romànic de la Vall de Boí, donde se puede organizar la ruta por el conjunto monumental. El Centro de Interpretación brinda información práctica para visitar cada uno de los templos y concierta visitas guiadas, previa reserva, durante todo el año. Las claves iniciales para entender y conocer el conjunto de iglesias románicas del valle, de dónde proviene la iconografía y la figuración tan característica del estilo, cómo era la sociedad medieval… son sólo algunos de los descubrimientos que el centro ofrece al visitante. Aquí se aprende que más de 10.000 obras conservadas hacen que el patrimonio románico español sea el mejor y más bello testimonio de la transformación cultural que se operó en este país allá por el año 1000. Y que éste se encuentra repartido a lo largo y ancho de toda nuestra geografía, pero es en el valle de Boí, donde aparece uno de los conjuntos de iglesias románicas más notables del mundo. El conjunto románico de la Vall de Boí está formado por las iglesias de Sant Climent y Santa Maria de Taüll, Sant Joan de Boí, Santa Eulàlia de Erill la Vall, Sant Feliu de Barruera, la Nativitat de Durro, Santa Maria de Cardet, la Assumpció de Cóll y la ermita de Sant Quirc de Durro.
Naturaleza como espectáculo
Pero la Vall de Boí es mucho más que iglesias. Es historia y es naturaleza. El paisaje de alta montaña, las pequeñas poblaciones de carácter rural, las casitas hechas de pizarra, madera y piedra… Son preciosas calles de cuento empedradas y frondosos bosques a su alrededor. Y no todo el año es invierno en el valle. A pesar de contar con una de las estaciones de esquí más conocidas de Cataluña, Boí Taüll Resort, cualquier época del año es buena para visitarlo. En invierno el paisaje adquiere un tono especial bajo la nieve y la estación de esquí se llena de actividad mientras los leños crepitan en las chimeneas; en primavera brotan las flores, reverdecen los árboles, truenan los arroyos y las manchas casi perennes de hielo y nieve ofrecen el adecuado contraste. En verano todo se llena de niños y familias que practican todo tipo de deportes y disfrutan de la gastronomía y de un clima benigno alejado de los calores de otros lugares. Pero es, probablemente, en otoño cuando la naturaleza ofrece su máximo espectáculo y el tornasolado de las hojas disfraza el valle con un manto de cálidas tonalidades.
Curiosamente, entre los visitantes extranjeros del parque, los israelíes son el segundo mayor grupo (32% del total de los extranjeros que llegan), y año tras año va en aumento. Su interés probablemente tiene que ver con las cuatro rutas de huida que utilizaban los judíos durante la Segunda Guerra Mundial para atravesar los pirineos leridanos, alguna de ellas a través de este paisaje sorprendente. Hoy, perfectamente señalizadas, son un atractivo más.(…)
Y, naturalmente, Boí Taüll Resort también dispone de varios restaurantes donde disfrutar cocina internacional, pero también las especialidades de la zona, entre las que no pueden faltar la ensalada de montaña, el arroz a la cazuela con conejo y senderuelas, la sopa de pastor con tomillo, los canelones de setas, el bacañao al estilo de Taüll, los caracoles a la cazuela o la típica tortilla de “moixarrons” y “carreretes”.
*Director de Open Comunicacines
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