DRÁCULA
Una de las conquistas más importantes del turismo, es su capacidad para desarrollar el interés público por la historia de los pueblos.
En el caso particular de los trabajos que realiza y publica la nicaragüense Josefina H. Argüello, su enjundiosa preparación y delicada prosa, nos regala todo el gran espectro de la historia de la literatura española, adornada con estas míticas leyendas, que son un poderoso atractivo para el turismo moderno pendiente de las nuevas tendencias en este caso el -“Dark tourism”o “Tanatoturismo”- que muestra en su desarrollo todos los valores culturales del mundo, uno de los cuales de impacto mundial trata precisamente de la histórica leyenda del Conde Drácula, que hoy nos ofrece con su magistral conocimiento que le permite adaptar sus historias a la terrible coyuntura actual que viven algunos países de este nuestro mundo que sufren la tiranía del mismo horror donde la sangre es un tributo a la libertad… Antonio Pedro Tejera Reyes
Por Josefina H. Argüello*
Arrodilladas con los brazos extendidos, en medio de la calle frente a la Policía Nacional, las madres nicaragüenses imploraron el cese del fuego contra sus hijos. Sus ruegos no fueron escuchados.
Con mucho dolor en sus corazones lamentan en este mes, día de las madres, la injusta pérdida de sus hijos.
Estos imperdonables crímenes perpetrados contra nuestros indefensos estudiantes, hoy héroes del 19 de abril, me hacen recordar la legendaria novela de Drácula, del irlandés Bram Stoker, publicada en 1897.
Jonathan Haker, abogado inglés, visita el castillo de Drácula en Transilvania, viajando a través del desfiladero de Borgo desde Bistriz para completar unas ventas con el conde y descubre en su interior, una vieja capilla donde Drácula tiene en su poder a tres bellas doncellas de cuerpos voluminosos quienes tratan de seducirlo para chuparle la sangre.
La escena es interrumpida con el arribo del conde cuando llega a tirarles a las vampíricas doncellas para que se alimenten, un saco ensangrentado conteniendo el cuerpo de un recién nacido.
El niño había sido hurtado en una noche tenebrosa en los alrededores del castillo. La madre desesperada había llegado al castillo un poco antes de los sucesos, clamándole a Drácula su desaparición. A lo que el conde procede —acallándole sus lamentos— a echarle sus fieros lobos para que la devoren sin piedad.
Drácula transformado en vampiro se alimenta de sangre. Las tres vampiras que aguardan en el castillo primeramente fueron sus víctimas, luego las hizo beber de su sangre para contaminarlas.
Hay una connotación sexual en este proceso pues es un hechizo maligno mediante el cual las victimas suelen ser seducidas.
Según las supersticiones que datan desde la antigüedad los vampiros tienen algunas características especiales. Además de alimentarse de sus víctimas, salen de noche, tienen la capacidad de hacerse pasar por un animal o niebla, mueven ejércitos de seres repulsivos como las ratas, lobos, zorros, quienes les obedecen. Sienten repulsión a los símbolos cristianos y practican la magia negra.
Sin embargo, Drácula tenía sus propias debilidades. Era considerado un no- muerto o cadáver activo, no podía recibir luz solar, por lo tanto, tenía que dormir dentro de una caja cubierto con tierra de su patria, desde la salida hasta la puesta del sol.
Era susceptible a las ristras de ajo, a los signos sagrados como la ostia, agua bendita, un crucifijo, herramientas que utilizaban sus enemigos para destruirlo.
Un grupo de científicos, incluyendo algunas de sus víctimas, encabezado por un viejo doctor que conocía de exorcismo, hipnotismos, y otras ciencias ocultas se tomaron el trabajo de eliminar a las vampiresas y después a Drácula.
Primeramente, liberan a Lucy, unas de su víctima. Luego proceden a purificar sus refugios destruyendo las cajas con tierra, colocadas por Drácula en diferentes lugares para guarecerse de sus enemigos durante el día.
Cuando el conde se siente acechado y acorralado, huye a su castillo en Transilvania donde guardaba su última caja, acompañado de sus Zíngaros leales quienes lo transportan en su viaje.
El grupo Intercepta a Drácula una noche fría de niebla. Luchan contra sus vándalos, dándole muerte, al clavarle una estaca en el corazón, liberando su espíritu del embrujo diabólico y terminando con el sangriento vampiro.
Bram Stoker, haciendo investigaciones históricas, descubre un libro titulado: Informe sobre las principalidades de Valaquia (1820) de William Wilkinson donde menciona a Vlad III Draculea o Vlad Tepes, nacido en Sighisoara ciudad de Burgo, Rumania (Transilvania).
Fue príncipe de Valaquia entre los años de 1431-1474. Luchador contra el imperio Otomano que amenazaba con expandirse haciéndose famoso por su crueldad mediante la muerte por empalamiento, que propinaba contra sus enemigos.
Su patronímico Dracul en rumano significa Dragón y viene del latín draco que en lengua Valaquia significa demonio.
Stoker se inspiró en este personaje para titular su novela.
Esta mítica historia renace en una Nicaragua gobernada por seres nocturnos, ávidos de sangre de un pueblo joven que se inmola ante sus madres que claman justicia en el castillo de El Carmen, a lo que, el conde procede —acallar sus lamentos— echándole sus feroces policías y turbas lobunas.
Ojalá que la pareja no tenga necesidad de huir como Drácula en búsqueda de su última caja.
*Máster en literatura española