EL PERÚ LA TIERRA DEL SOL Y DE LA SABIDURÍA
Las ventanas esos orificios cuadrados, rectangulares o trapezoidales colocadas en las paredes, aunque no nos dejan salir del todo, son lugares por donde nos asomamos a otros mundos. Son lugares que dan al prisionero un respiro de esperanza, una ilusión de libertad. Por lo menos así lo sintió nuestro poeta inmortal el gran metafísico Alfonso Cortés que miró en ese hueco de su celda, una razón para seguir en este mundo a pesar de su locura. Y así nos lo dejó plasmado en su trascendental poema “un detalle” (mi ventana)
De la misma forma que el poeta quiso sentirse fuera, así me he sentido yo al través de la ventana que nos da al mundo un maravilloso país llamado Perú.
No dudo que lo vieron de la misma forma sus razas pre incas, el propio Atahualpa, Pizarro y cuantos han tenido la dicha de poner un pie en esa tierra bendecida por una riqueza que solo en la razón de poetas extravagantes pudiese ser descrita.
Cuando llegué a su capital, el sol opaco entre la neblina del horizonte luchaba por iluminar en sus albores a una Lima viviente, una Lima, que al son del canto oculto del inca y de los inmortales valses de Julio Felipe Federico Pinglo Alva parece revivir, dar ilusión, vida misma a una ciudad precolonial, colonial y ahora para tristeza de muchos, moderna porque en su modernidad se derrumba y se nos escapa como arena de desierto en nuestras manos.
Pero todavía, en los pitazos de los carros, con sus taxistas contándonos historias como la del pariente que se hizo rico al encontrar una «huaca» con abundante oro inca después de ver una rayo de luz en un «Apú» (cerro) y de haber marcado con un saco el sitio de la aparición- a como lo recomiendan sus Pacos indígenas- y de opinar con sagaz perspicacia sobre mujeres, políticos y religiosos, sobre españoles, negros e indios conduciendo con la agresividad que se necesita para sobrevivir en cualquier urbe latinoamericana, encontramos ese misticismo mágico y subliminal de la realidad de un pueblo que no se rinde a su mestizaje y que tampoco es ajeno a ese «güegüense» (encontrado y quizás llevado desde Nicaragua), que se identifica en un origen todavía incógnito, marcado de piedras con 12 y variados ángulos cortadas a tal perfección, que humillan al más grande arquitecto de la modernidad.
En cada rincón, en sus playas arenosas y de piedras volcánicas, en sus desiertos y montañas con sus picos nevados se sienten a la par del vuelo sagaz del cóndor, los poemas de José Santos Chocanos, los cuentos y narrativas de Ricardo Palma el bibliotecario mendigo, las novelas de Alfredo Bryce Echenique y en su cielo como arabescos multicolores se dibujan las pinturas de Carlos Baca- Flor.
Cuando visitamos sus catacumbas, sus barrios olvidados y sobre todo en las bancas de mármol de la Alameda de los Descalzos, como esperpentos de Tevegó, oímos los cantos a todo pulmón del solista Francisco Ferreyro , las zalameras palabras de amor del virrey Manuel Amat y Juniet a su amada María Micaela Villegas y Hurtado “la Perricholi”.
En el Cuzco se elevan, desde su majestuosa catedral las portentosas cenizas del Inca Garcilaso en haraviscus preciosos repetidos de Amautas que desde los picos del Machu Picchu enseñaron hasta allá cerca del desierto en Arequipa a escribir a Vargas Llosa ganándose no uno, sino mil nobeles de literatura desde mucho antes de que éste hubiese sido concebido.
Y desde el centro, desde ese Pasco andino – donde en sus minas de plata y oro del Yanacancha dejaron sus vidas miles de héroes silenciosos chorotegas (que sólo cargaban en sus genes Al Macho Ratón) y que viniendo de las costas del Xolotlán e Imabite de Nicaragua fueron forzados y esclavizados por invasores ambiciosos- con la cabeza erguida vemos bajar a Daniel Alcides Carrión, llevando en su corazón el inmenso amor por los sufridos sin vacilar en probar en su propia carne, lo que mata a sus semejantes, la terrible fiebre de Oroya.
En las islas Ballestas los pingüinos y leones marinos braman y cantan al ritmo de las olas y los pájaros marinos con su guano acompañan con sus sones de cumbia los gritos caribies que desde las selvas amazónicas se revuelven en un país donde los tres pilares el negro, el bronce y el blanco sacan a flote la flauta, el ronrroco y charango con sus tambores, el canto de los Chamas con Chabuca Granda entonando “La flor de la canela” que además de oírse por todo el mundo, aún se respira bien fuerte en el puente de Barranco .
Finalmente, para un nunca acabar, los puneños al pie de su Titicaca nos bailan al compás de sus flautas con su coloridos trajes y acompañando al resto de sus compatriotas peruanos elevan su pisco para brindar, montan orgullosos sus caballos de paso para que todos aquellos curiosos que escépticos los visitamos, asustados de ver tanta belleza que inunda nuestros ojos de lágrimas, podamos ver también al través de aquella ventana trapezoidal que se abre al mundo en el sur de la línea ecuatoriana y por donde todavía nos acompañan el inca, el español y el africano todos en uno, llenos de dulzura y amor hispanoamericano, llenos de esperanzas ofreciéndonos sus cienes de variedades de papas, sus múltiples maíces y choclos, su té de coca, su ceviche, su chicha morada, su lana de llamas y vicuñas y aquellas aguas del Valle sagrado que a través del Urubamba llevan la sabiduría milenaria a esparcirse en el océano infinito de las glorias.
Un trozo azul tiene mayor
Intensidad que todo el cielo,
Yo siento que allí vive, a flor
Del éxtasis feliz, mi anhelo.
Un viento de espíritus pasa
Muy lejos, desde mi ventana,
Dando un aire en que despedaza
Su carne una angélica diana.
Y en la alegría de los gestos,
Ebrios de azur, que se derraman…
Siento bullir locos pretextos,
Que estando aquí ¡de allá me llaman!
Alfonso Cortés,(Un detalle o mi ventana)
Foto de Portada: Puno hermosa vista del lago Titicaca y la Isla deTaquile / Foto internet