LOS POLÍTICOS NO SE IMPROVISAN
Por Antero Flores-Araoz*
La política como ciencia y arte de gobernar, esto es de conducir a los gobernados hacia el bien común mediante el ejercicio del poder, es ejercida usualmente por los políticos, que deben tener legitimidad y ética, así como amplio conocimiento de la cosa pública y del Estado en sus diversos niveles.
Cada vez que hay procesos de elección popular para designar autoridades, saltan al imaginario popular infinidad de nombres, seguramente señalados de muy buena fe, pero sin la suficiente lucidez.
Se mencionan a personas muy calificadas seguramente en sus respectivas profesiones, ocupaciones y oficios, y con mayor respuesta positiva a sus menciones, cuando son conocidas a través de los medios de prensa por sus éxitos artísticos, deportivos, periodísticos, empresariales y gremiales, entre otros.
Nos preguntamos ¿basta ser conocidos o populares para ejercer la política? Francamente creemos que no basta, como tampoco es suficiente creer que el propuesto está orientado por la llama divina.
En las últimas décadas, personas muy connotadas e invalorables en campos como la literatura o la diplomacia han tenido notorios reveces en las contiendas electorales; mientras que otras personas con presencia mediática popular, sea por el deporte, el periodismo e incluso el vedetismo (sin poner a todos en el mismo compartimento), han llegado a puestos públicos electivos, algunos exitosos en su gestión y otros grises cuando no negativos en su desempeño.
El ser populares no garantiza la buena conducción gubernamental, para la cual se requiere preparación. En efecto ¿a alguien se le ocurriría nombrar como rector a quien no ha sido profesor universitario? Evidentemente no debería ello existir, aunque se han dado casos. ¿Podría quizás designarse como director médico de un hospital a quien no ha ejercido antes la medicina? Esperemos que no, como tampoco sería lógico que de la noche a la mañana se ascienda a un soldado a general, sin haber pasado por los grados intermedios.
Penosamente muchas veces en la política y en la selección de los políticos, no se actúa con lógica, y solamente por el éxito en otras ocupaciones, se pretende irresponsablemente que ejerzan poder político. No señor, se requiere de formación, de entrenamiento, de preparación. Tiene que ser una escala en que se vaya ascendiendo, en que se puede comenzar de dirigente vecinal, laboral o gremial para luego ser regidor, probablemente alcalde distrital, subir a la categoría provincial o regional, participar en el Parlamento o ser Ministro de Estado.
No se puede ascender a la cumbre del poder, en su mejor acepción, si es que no es paso a paso y con cuidado, pues en caso contrario los tropezones y caídas serán frecuentes y quién pagará desafortunadamente las consecuencias será el ciudadano común y corriente, ése ciudadano de a pie que verá frustradas sus expectativas y que perdería la fe en el sistema democrático.
No creo en los políticos casuales, pero si en quienes tienen claro que deben prepararse y que el ejercicio del poder no es juego, es para servir y no para ser servidos.
* Ántero Pedro Flores-Aráoz Esparza es un abogado y político peruano, ha sido Diputado, Constituyente y Congresista de la República del Perú, siempre de la mano del Partido Popular Cristiano. En el 2004, fue electo como Presidente del Congreso entre otros importantes cargos diplomáticos.
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